Juanita Claxton: Entre la catástrofe y querer ser rescatado.

Estrenada en Caracas por el Teatro Trasnocho en el marco del Festival de Jóvenes Directores 2015, Juanita Claxton se marca como una obra poética y con energía emocional dentro de la bibliografía de Gustavo Ott, digna del Tercer Premio BID de Dramaturgia “Hispanos en USA” (Washington) y finalista del Premio Fray Luis de León (España).

Luego de ser aceptada en la oficina de la Cruz Roja Americana, Juanita recibe una llamada que desconfigura rotundamente su existencia. El inicio de una serie de acontecimientos que reflejan la soledad profunda, la desconexión de la identidad y la búsqueda de salvación.

Desde un lenguaje poético, con ritmo casi irreal e intensidad abstracta, esta obra comunica una crítica social ante la invisibilidad que enfrenta el inmigrante, la deshumanización del sistema de ayuda humanitaria y el trauma de eventos del pasado. Ott utiliza el contexto de la ciudad de Nueva Orleans y el Huracán Katrina del 2005 —de los fenómenos naturales más destructivos de EE.UU.— como una metáfora comparativa a la destrucción personal que atraviesan los personajes.

La visión escénica del director Juan E. Viloria para Juanita fue experimental, colorida y surreal, manteniendo el ritmo lírico presente en la narrativa. En palabras del director: “Es una obra con una puesta elegante, pero con muchos matices para explorar”.

La representación fue llevada a cabo por María de los Ángeles Estevez y María Angélica Altuve, miembros del Taller de Formación Actoral, dando vida a Juanita Claxton y Josefina Crauze, respectivamente.

María de los Ángeles Estevez- La búsqueda del eje narrativo

“Se hizo un trabajo para versionar esta obra, en vista de que la original cuenta con cuatro personajes femeninos. ¿La parte más complicada? Hacer que dos personajes relaten todos los elementos inversos dentro de la dramaturgia de Gustavo Ott. No era simplemente cortar la obra, era estudiarla a profundidad para no dejar ninguno de estos elementos por fuera”.

Representar a Juanita Claxton, una recepcionista inmigrante que cuenta con sus propias tormentas, no fue una tarea fácil; es un personaje bastante profundo. A medida que aprendía más de ella, me inundaban más dudas. Debía mostrar normalidad e ir desplomándola poco a poco. Comprendí que ella no es muy diferente a como solemos actuar ante circunstancias que nos sofocan —ocultar y seguir—, me hizo verla más que personaje, como otra persona herida que sufre en silencio para ofrecer una mano a otros, sin validar sus propios problemas.

Ciertamente, trabajar la retórica de la verdad con un texto de gran magnitud poética tampoco fue sencillo. La idea era evitar la robotización o monotonía al momento de decir el texto, pues lo más importante era brindar al espectador una experiencia que conmueva, a pesar de saber que observa una obra teatral. Es hacer que el enlace espectador–personaje permitiera el nacimiento de una conexión visceral y emocional.  A pesar de esto, el trabajo final mostró sinceridad desde la perspectiva lírica del texto y junto a la expresión corporal era como si fuese un vaivén viviente de la pieza.

Hubo un punto en que dejé de oprimir cosas y permití darle paso libre a Juanita; ella hizo de mí ese eje conductor para llevar a cabo su historia. Una historia de tonos vibrantes, humorísticos y gentiles, que sirven como un telón para ocultar la cruda realidad. Esto para mí hace que sea una de las experiencias más importantes en mi formación artística.

María Angélica Altuve – El reto de construir un personaje

Un personaje tan complejo como Josefina Crauze no debía tomarse a la ligera. Tenía muchos caminos para poder llevarla a la vida, pero no me convencían del todo. Una mujer maltratada por la vida, desfigurada por situaciones que la llevaron a su límite. Ella me enseñó a construir un personaje desde las entrañas, todo el proceso de estudio y disciplina para no flaquear, y llegar al resultado final desde lo real.

“Mantener la anatomía física que asigné al personaje fue uno de los retos más difíciles para mí. No es solo hacer un cambio corporal momentáneo, es hacer que forme parte de ti de manera inconsciente”.

No se trataba de hacer por compromiso, era creerlo, desde la corporalidad, hasta cómo piensa. Prestar mi cuerpo para que ella revele su historia, que proyecte al público la emoción y sensibilice con ella. Encarnar a Josefina me hizo analizar y reflexionar que fui portavoz de aquellos individuos que han sufrido secuelas severas en su organismo a causa del consumo de múltiples medicamentos, que en la mayoría de los casos, generan una visión personal destructiva, al punto de convivir con la soledad, delirios y una inconsolable enfermedad depresiva.

Además de la corporalidad, me concentré en la búsqueda de matices en mi voz. Salí de mi zona de confort para darle ese toque rasposo y cansado que la identifica. Josefina es la contraparte de Juanita, no tiene nada bello más allá de las palabras con toques líricos, es un personaje que desde el principio causa curiosidad por su aspecto monstruoso y maltratado.

Desempeñar la retórica de la verdad en un proyecto como este fue de las formas más puras de profundizar en el aprendizaje actoral. El personaje fue un antes y un después para mi trayectoria actoral. Exponer su verdad, no desde una mentira disfrazada, sino desde la construcción artística para conectar con el espectador de manera clara y emocional. Crear un “aquí y ahora” para manifestar la vulnerabilidad humana desde lo más íntimo hasta lo más desolador.

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